Relato antología "Déjate enamorar" - Contrato de amor


CONTRATO DE AMOR

Ismael sentado en el sillón, dio un sorbo a su whisky y observó preocupado la silueta que dormía plácidamente en su cama. María, parecía tan feliz con esa expresión despreocupada en el rostro, sin tensiones, sin miedo…
No podía creer que hubiera sido él, el que finalmente había roto los términos del contrato que le vinculaban a ella, esos que ahora les separarían sin remedio. ¿Cómo podía haber sido tan idiota? La respuesta aparecía en su mente, golpeándole…Se había enamorado.
Todo había empezado hacía un año, su mánager, Pablo, le convenció de que si quería que la gente comenzara a respetarle y que dejaran de verle como un fiestero sin remedio, tenía que sentar la cabeza. Al principio Ismael, jugador de fútbol profesional, una de las jóvenes promesas a nivel nacional; se negó en redondo. Ni hablar, no desperdiciaría su juventud al lado de una única persona. Le encantaba salir de “caza” y acabar sus veladas con una chica diferente entre sus sábanas, cada vez. Su regla más estricta era: “no repetir”, jamás salía dos veces con la misma persona, nada de relaciones, nada de ataduras.
No pasó mucho tiempo hasta que agachó las orejas y aceptó el trato de Pablo, más que nada porque había en juego un puesto como delantero en el mejor equipo, todas las miradas se habían fijado en Ismael para cubrir la vacante, pero no terminaban de decidirse dado su historial amoroso, del que se hacían eco todos los medios de comunicación.
Aún así, su mánager que admiraba el tipo de vida que llevaba Ismael, porque era exactamente igual al suyo, le ofreció un trato beneficioso para ambos; seguirían yendo de fiesta en fiesta y llevándose a la cama cada noche a una chica diferente aunque de un modo más discreto por supuesto, ya que de cara a la prensa…Ismael tendría novia formal.
Hicieron incluso un casting, no podían tomar la decisión a la ligera, la candidata tenía que ser perfecta y aceptar su papel de novia sin reproches, a cambio de una suculenta cantidad de dinero a final de mes…
María, tenía veinticinco años, tres menos que él, era hija única, acababa de quedarse sin trabajo, estaba desesperada porque no tenía derecho a paro y de ella dependía el sustento familiar.
 Esa mañana la había dedicado a empapelar la ciudad con sus currículos, cuando por casualidad vio una fila de chicas en la calle delante de lo que parecía un despacho. Se imaginó que era un casting de modelos, ya que todas ellas iban arregladas y con unos “andamios” en los pies con los que a María le sería imposible dar más de dos pasos. Aún así, era curiosa por naturaleza y preguntó a la última de la fila qué era lo que estaba pasando allí. No daba crédito, un jugador de fútbol había organizado todo ese revuelo por tener una novia florero…En el fondo le daban pena, todas esas chicas cuya única aspiración en la vida era salir en las portadas de las revistas y en los programas de televisión. Se dio la vuelta para continuar con su camino, cuando escuchó la cantidad de dinero que ofrecían por ese “trabajo”, su cara se desencajó e inmediatamente después la imagen de sus padres la obligó a volver a la fila. Se maquilló con lo que le ofrecieron algunas de las chicas, que evidentemente no la veían cómo competencia, se soltó el pelo y desabrochó un par de botones de su camisa blanca, tratando de quitarle seriedad a su atuendo.
<>. Se dijo al mirarse al pequeño espejo de su polvera. La fila avanzaba mucho más lento de lo que esperaba, ¿qué les preguntarían? Tampoco es que hiciera falta un “master” para fingir ser la novia de alguien, ¿no?
Por fin había entrado al edificio, el despacho era de estilo minimalista y estaba decorado con mucho gusto, ella era la última y estaba sola, sentada en la sala de espera, calculando mentalmente cuánto valdría todo aquello, incluida la silla sobre la que estaba su culo ahora mismo. La puerta del despacho se abrió y la chica que la hubo precedido en la fila, se despidió de ella con un gesto de la mano y un “suerte” apenas susurrado.
Pablo salió y al ver a María se sorprendió, pensaba que no quedaban más candidatas y esa chica, no se parecía en nada a las que habían entrado hasta ahora, quizá era eso lo que necesitaban, una chica de las que no se acostaban con cualquiera tras una noche de farra, sino una responsable y seria, como la que al parecer tenía delante. Ella se sonrojó al ver como el hombre la recorría con la mirada, centrándose más de lo decorosamente correcto en la apertura de su blusa. Se puso de pie y le tendió la mano para presentarse, mientras le hacía entrega de una copia de su currículo.
Se llamaba Pablo y era el mánager del futbolista, vio como leía su currículo y se sorprendía en cada línea, finalmente la felicitó, el puesto era de ella si lo quería y estaba dispuesta a cumplir con su contrato. La relación entre María y el futbolista, del que aún no sabía ni el nombre, sería estrictamente profesional, acudirían a actos, fiestas y eventos deportivos juntos, pero nunca pasaría más entre ellos, salvo alguna que otra muestra de cariño, como besos, caricias y esas cosas que se suponen que hacen los enamorados de verdad. No concedería entrevistas, ni hablaría a nadie del contrato que la vinculaba con el jugador. No dudó cuando tuvo el contrato frente a ella, estampó su firma en todas las copias y se lo entregó a Pablo. Quedaron en recogerla esa misma tarde, debería ir a comprar ropa, a un centro de estética, peluquería…ya que por la noche comenzaba su trabajo, acudiría con el jugador a una entrega de premios.
Ismael, corrió al encuentro de Pablo tan pronto como lo vio entrar en su casa, la había encontrado, ya tenía “novia” y la conocería esa noche de camino a la gala.
Tras una sesión de depilación, maquillaje, manicura, pedicura, peluquería y compras de la mano de Pablo, María llegó agotada a su casa, sus padres estaban merendando en la mesa del comedor y se sorprendieron al verla cargada de bolsas, su hija no era derrochadora, ni consumista, ¿qué hacía con todas esas bolsas de grandes firmas?
No lo había pensado hasta ahora, al sentarse junto a sus padres y observar la televisión, el contrato que acababa de firmar hacía tan solo unas horas, terminaría con su libertad y su anonimato, pero sus padres eran más importantes que todo eso. Solo les dijo que tenía un nuevo trabajo, pero no les quiso dar detalles sobre en lo que consistía, también les dijo que había empezado a salir con alguien, para que por si algún casual la veían por televisión la sorpresa no fuera tan grande.
El primer encuentro, no fue agradable para ninguno de los dos, ambos estaban nerviosos y sus caracteres tan opuestos pronto les hicieron chocar, sin embargo frente las cámaras, fingían como si de dos estrellas de Hollywood se trataran, interpretando el mejor papel de sus vidas, incluso María sorprendió a todos cuando le dio un beso en los labios con el único propósito de molestarle, pero para la prensa había sido la viva imagen del amor, lo que ninguno de los dos estaba dispuesto a discutir.
Así pasaron los meses, Ismael había continuado con su vida de Don Juan, que María tuvo que encubrir en más ocasiones de las que le gustaría. A pesar, de que no le gustaba su forma de vida, no pudo evitar que el jugador le cayera bien e incluso verle como a un amigo.
Él también se acostumbró a su compañía y no dudaba en preguntar su opinión, en los temas que le preocupaban, María era una buena chica, guapa, dulce y simpática, no entendía por qué alguien como ella había aceptado un trabajo como ese, pero se alegraba de tenerla a su lado.
El verano estaba cerca y con él llegaría la despedida, Ismael había logrado su objetivo, había entrado en el equipo, todo gracias a María y Pablo había decidido que era el momento de rescindir su contrato, lo que llevó al jugador a querer tener un detalle con la mujer de la que tanto le apenaba separarse, esa que había conseguido entrar en su corazón, sin haber pasado antes por su cama.
Las velas, la música, la mesa, la cena…todo era como cualquier otra noche en compañía de Ismael, pero eso no era lo que había hecho que se le pusiera todo el vello de punta, ni que le recorriera un escalofrío cuando los dedos de él le rozaron la espalda, había algo especial en él esa noche y en la manera en que Ismael la miraba al otro lado de la mesa…Estaban solos, en su casa, era la primera vez que María estaba allí y según le habían informado hacía unas horas también sería la última, no volverían a verse después de esa noche.
No había puesto resistencia cuando su boca buscó la de ella, ni había parado sus manos cuando comenzaron a recorrer todo su cuerpo, parecía como si María anhelara su contacto, es más parecía que ella también le deseaba. La reacción de ella ante sus caricias era lo que había provocado que la tomara entre sus brazos y que la llevara a la cama, donde todo lo que se interponía entre sus cuerpos le estorbaba.
No entendía qué le pasaba, ningún hombre le había hecho desear tanto ser tocada, besada, querida…Conocía a Ismael, conocía lo que él quería y buscaba en una mujer y aunque lo que ella quería distaba mucho de ser lo mismo, no podía irse sin haberle entregado lo que desde hacía meses le pertenecía: su corazón.
Se movió en la cama buscando su contacto y al no sentirlo abrió los ojos, temiendo que todo hubiera sido un sueño. Lo encontró sentado frente a la cama, con los ojos fijos en ella y se ruborizó tapándose con la sábana, al recordar que estaba completamente desnuda. Ismael le sonrió, aunque tenía la mirada triste, tal vez ella no había sabido complacerle como hombre, al fin y al cabo no tenía demasiada experiencia.
Como si hubiera notado su turbación Ismael se acercó, se sentó a su lado en la cama y tomo su cara entre sus manos, besándola con auténtica devoción. Una única frase susurrada entre sus labios, <>, que llenó su corazón, la firma del contrato que los unía para siempre.

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