Tormentas de verano y viajes al pasado
Tengo intención de que esto se convierta, de nuevo, en algo habitual. Me refiero a escribir entradas en la web, así, porque sí. Aunque no creo que llegue al número de publicaciones que hacía en mis primeros años, ni de coña, jeje.
Hace un par de semanas, tuve un encuentro con una amiga de la infancia y de la adolescencia y, gracias a eso, realizamos un viaje al pasado. Descubrí que mi cabeza conservaba aún muchos recuerdos de esa época y que, gracias a los hilos que los unían con los recuerdos de ella, pudimos sumergirnos de lleno en esos momentos, en esas experiencias y en esos buenos y malos momentos que compartimos.
De alguna manera, esto me ha servido para reencontrarme con otras versiones mías, con esas Lorenas del pasado. La versión más pura y más auténtica, esa que casi desapareció por completo a la misma velocidad que llegó el bulling y, la otra versión, la resultante que, por suerte, he logrado volver a transformar (y mejorar) en la que soy hoy.
Los viajes al pasado tienen ese componente peligroso que te hace recrearte en ciertos momentos vividos o, por el contrario, fantasear con aquello que pudo haber sido pero que no fue. Reconozco que, en mi caso, siempre he tendido más por fantasear, porque hay momentos que, por mucho que pase el tiempo, no se olvidan, porque la cicatriz que te han dejado es demasiado profunda como para decir que ya no te duelen al cien por cien (aunque gracias a la terapia el dolor se ha mitigado y mucho).
Fantasear es algo que hago a diario y, muchas veces, lo que me imaginación crea, me sirve para incluirlo en mis historias (en las que tenga entre manos en ese momento o para las futuras). Volver a una tarde, a una tormenta de verano, que marcaría el inicio de muchas cosas y abrió la puerta a otros muchos quizás que nunca fueron posibles.
Soy de la firme opinión de que las cosas pasan porque tienen que pasar, porque hay un motivo para ello y, fantasear está bien para pasar el rato, pero, no para recrearse... Esas versiones anteriores mías no contaban con toda la información que tengo ahora, ni con las herramientas que tengo para gestionar según qué cosas...hicieron lo que pudieron y supieron con lo que tenían en ese momento. Es fácil, a toro pasado, pensar que harías las cosas de forma diferente pero, ¿realmente te gustaría el resultado?.
Según escribo me estoy acordando de esa película de Gwyneth Paltrow, la de Dos vidas en un instante, en la que la que se mezclan las dos versiones de la vida de la protagonista, que resultan de volver a casa antes o después de que su pareja le esté siendo infiel (no es spoiler, es la premisa de la película).
Qué fácil sería la vida si pudiéramos tener esta versión de prueba, ¿verdad? Pero, me temo que terminaría por aburrirnos, nada nos sorprendería y no tendríamos la opción de volver a fantasear con esa tormenta de verano, ni con qué pasaría si, en lugar de quitar la mano, hubieras entrelazado tus dedos a los suyos...
En fin, que esta noche me ha dado por pensar en estas cosas, en el paso del tiempo, en las decisiones que tomamos, en las personas que entran y salen de nuestras vidas, en las que por mucho que pase, ahí siguen, en lo que pudo haber sido y, sobre todo, en lo que fue. Voy a echarle la culpa a la lista de reproducción que suena ahora en Spotify, que tiene muchas de las canciones que escuchaba en mi adolescencia y no a la nostalgia (ni al hecho de haber cumplido cuarenta este año) y, diré que, está entrada, es producto de mi imaginación y de mi mente fantasiosa.

Comentarios
Publicar un comentario